Nota de opinión de Federico Vázquez. Fuente: Telam.

Aún sin los resultados oficiales, todo el arco político boliviano reconoció el amplio triunfo de Evo Morales, que según los cómputos preliminares estaría entre el 59% y el 61% de los votos. Al igual que los demás procesos políticos, el del MAS y el “evismo” superará la década. Sin embargo, no todo se reduce a la invocación indigenista y la cobertura social, ambas inéditas en la historia del país. Siete claves para entender una elección tan previsible como decisiva.

1. A partir de las 8 de la noche del día del domingo, según la ley electoral boliviana, se pudieron conocer las bocas de urna. Todas ellas, sin excepción, mostraron una victoria abrumadora de Evo Morales, que rondaba el 60% de los votos, puntos más o menos.
La página del Tribunal Superior Electoral, que había prometido tener resultados durante la madrugada, quedó congelada con un magro 2,89% de los votos computados, después que se conociera una amenaza de hackeo. Del resultado “fino” de los números dependerá cómo quede la cámara de Senadores, donde el MAS necesita llegar a los dos tercios de las bancas para poder llevar adelante reformas constitucionales, entre ellas, la de reelección indefinida.

2. El mayor cambio político, después de la elección es la conversión del MAS y Evo en liderazgos eminentemente nacionales, superando por primera vez la dicotomía entre la región occidental andina y la oriental de tierras bajas. No se trata de una división geográfica: Morales había logrado en estos años una hegemonía entre la población indígena que vive mayoritariamente en el occidente, pero el oriente se había convertido en el lugar de resistencia a ese proyecto. Las razones eran lógicas: es donde se encuentran los mayores emprendimientos productivos, una clase media más extendida y una menor presencia de las comunidades originarias. Ayer, la lista del MAS venció en todos los departamentos, incluído Santa Cruz de la Sierra. La única excepción fue Beni, donde de todas maneras aumentó su caudal respecto a 2009. Lo que empezó como una fuerza “indigenista”, anclada en las comunidades rurales del Altiplano, se transformó en una fuerza nacional, lo que implica también convertirse en una más plural y diversa.

3. Esa conquista del oriente del país por parte del MAS mostró la capacidad del gobierno de Evo en atender demandas cada vez más complejas vinculadas a sectores que habían sido enemigos declarados del proceso de cambio. Unas semanas antes de la elección, Evo cerró la Feria de Exposiciones de Santa Cruz, cita obligada de los empresarios bolivianos. Ahí les anunció una serie de inversiones en infraestructura e incluso les pidió “el acompañamiento del sector privado para la inversión”. Una imagen completamente distinta a la del 2008, cuando la elite cruceña estaba en pie de guerra y amenazaba con partir el país en dos mediante la proclamación de una autonomía. Después de derrotarlos, Evo los sumó, de forma subordinada, a sus planes. Hoy, el proyecto del evismo ya no puede explicarse sólo como reivindicación de “lo indígena” ni siquiera de la Bolivia pobre y excluida. Es eso, pero no sólo eso.

4. El discurso de Evo, cuando salió al balcón del Palacio Quemado para festejar junto a los simpatizantes reunidos en la plaza Murillo, da cuenta de ese cambio. Lo primero que dijo fue que “no hay más media luna, hay luna llena”, haciendo referencia al fin de Santa Cruz como bastión opositor. Pero, llamativamente, su discurso tuvo menos de reivindicación de sus políticas sociales, reducción de la pobreza y la desigualdad, que una invocación que podríamos llamar “futurista”: habló de Bolivia como “potencia”, dedicándole el tramo central del discurso. Se refirió al lanzamiento del satélite de comunicaciones Tupac Katari, a fines del año pasado. Dijo que eso había sido “pensar en grande” y que “esa política había ganado”. Lo ligó con el próximo proyecto de desarrollo tecnológico, de energía nuclear: “Vamos a empezar con energía nuclear para fines pacíficos, [aunque] nos dicen que eso es para los países desarrollados, vamos a empezar. Eso es pensar en lo grande.”

5.Futuro, potencia, tecnología, desarrollo. Evo Morales es un líder que no se conforma con la “revancha” histórica de haber puesto a los indígenas en el poder. Esa fue la condición necesaria -pero no suficiente- para pensar ahora sí, con todos los bolivianos adentro, un país nuevo. Los que no habían gobernado nunca, están cumpliendo las tareas de desarrollo básicas que la vieja elite social no había podido o querido hacer. Esa doble refundación (fin del apartheid indígena primero, cambio productivo y económico, después) es única, y le da al proceso boliviano una radicalidad mayor comparado con los demás procesos de la región.
Si esa radicalidad es más profunda, la dependencia del liderazgo personal también lo es. El MAS es la articulación de un archipiélago de movimientos sociales antes que un partido político, lo que ubica a Morales en el papel insustituible de cohesionador. La condición indígena de Evo, que sigue siendo clave, es algo de lo que carece su segundo, Álvaro Linera.

6. Fiel a su origen de intelectual marxista, el vice presidente Álvaro Linera expuso los lineamientos de la campaña electoral a modo de “programa”. En una entrevista para las redes sociales, conceptualizó tres ejes: industrialización, (“la idea es que Bolivia exporte cero materia primera y exporte valor agregado”) Bolivia como centro energético (“aumentar la exportación de gas y electricidad a los demás países del Cono Sur”), y como centro de producción de alimentos (“queremos pasar de las 3 millones de hectáreas a 7 millones”). Los proyectos son complejos y los críticos señalan una obviedad: por ahora, el único que parece avanzar es el más sencillo, que es convertir a Bolivia en un gran exportador de energía, que le permite una importante entrada de dólares al país, pero que por sí sólo no garantiza -más bien lo contrario- un proceso de industrialización. Lo que no quita el mérito de que, con diez años en el poder, los objetivos del “evismo” se reinventen.

7. El triunfo aplastante del MAS, y la victoria en Santa Cruz, profundizan la crisis de la oposición boliviana. De confirmarse los números preliminares, Samuel Doria Medina estaría rondando los 25% puntos. Algo realmente escaso para discutir la próxima agenda con el gobierno. Es esperable que la oposición pase por un segundo proceso de depuración interna. El primero sucedió luego de la elección del 2009, cuando toda una camada de dirigentes pasaron a retiro, cuando no al exilio, para sortear causas por enriquecimiento ilícito o “terrorismo y secesión”, en el caso de los líderes santacruceños. Tampoco tuvo esta vez éxito el Movimiento Sin Miedo de Juan Granados, antiguo aliado del gobierno, quien anunció que era su “último desafío electoral”.
La hegemonía que consiguió Morales, ahora en todo el país, deja aventurar que la próxima oposición surja, finalmente, del interior del propio bloque de poder.

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