A continuación, se propone una suerte de cálculo matemático vago, impreciso, e incorroborable, cuya lectura puede ser tergiversada hasta el infinito, se recomienda a todo lector/a que ronde estas letras responsabilidad y mesura en su uso y aplicación.

Para completar la ecuación, hemos de partir necesariamente de algunas premisas dadas, es indispensable contar con algún grado de interés político, o al menos un atizbo de preocupación en lo que respecta al futuro de todos los habitantes del país, si usted no se encuentra dentro de este amplio margen, preferimos ahorrarle tiempo y sugerirle que se entregue sin dudarlo a una existencia liviana, que disfrute del caos coyuntural y se limite a indignarse desde el absoluto desconocimiento de cualquier acontecimiento emanado de la administración pública o la organización social, los que saben dicen que esto es sumamente disfrutable. A su vez, hemos de suponer que esa preocupación lo mueve lo mínimo e indispensable para considerar que su sola humanidad puede tributar a algún proyecto político en particular, si esto le resulta muy fuerte, basta con que para sus adentros usted conciba una idea de mundo que prefiere por sobre otra.

Acá nos pondremos algo más restrictivos, excluiremos del esquema dos supuestos simplistas: si su interés político se sustenta de una suerte de odio visceral a toda expresión de “lo popular” o dicho de otra forma se identifica con concepciones de corte eugenésico en tanto eliminen de la realidad al sujeto marginado por el sistema y por ende sueña con dinamitar villas o sus expresiones soft-core como la bancada indiscriminada a cualquier avance del poder económico concentrado sobre el Estado, le pediremos que abandone la lectura, lejos de desinteresarle probablemente le provoque odio, psoriasis y constipación. A su vez, si usted sueña con la dictadura del proletariado, y cree que la mejor forma de alcanzarla es comportarse de la forma más absurdamente funcional a la derecha política, es decir, fomentando la política desde la antipolítica al ser un incomprendido proletario ruso atrapado en el cuerpo de un joven clasemediero mantenido, con dificultades para aprobar el final de Sociología mientras defenestra la clase política en sus totalidad, dado que todo movimiento que no implique una ruptura total con el sistema capitalista, será por ende un paleativo estupidizador de las masas populares que las aleja de su definitiva emancipación de la mano de Altamira, le rogamos que se aleje del monitor, se golpee repetidamente los genitales y pida perdón a la historia por representar una de las peores interpretaciones del Trotskismo en la historia de la humanidad.

Si al sobrante de la resta anterior le agregamos el no contar con los medios materiales para definir o al menos incidir poderosamente en la coyuntura, tenemos un inmenso sector de compañeros y compañeras que, salvando sus diferencias, saben que de acá a un año se juega el destino de la patria, y verdaderamente no quieren un retroceso político de las conquistas obtenidas, ni ser funcionales al mismo.

Es ahora donde se complejiza, habiendo pasado la primer barrida ideologizadora del planteo es necesaria la visión pragmática, si este sujeto popular disperso se encuentra fragmentado o al menos podemos afirmar que no está todo “en el mismo lugar” plenamente consciente de su carácter o tarea, hemos de identificar donde se encuentra más fuertemente arraigado, más organizado, y cuáles son sus discusiones. Recién ahí vemos el otro lado de la ecuación, la incógnita a resolver, la gran “x” a descubrir contiene una sola pregunta “¿Qué es Kirchnerismo?”.

Lamentablemente la respuesta a esta pregunta la sabremos a ciencia cierta en no menos de veinte años, recién ahí y en retrospectiva afirmaremos con contundencia que es lo que fue ese proceso político y social definitorio para más de una generación militante. Lo que es seguro, es que la disputa por definir que es lo que sucedió en todos esos años, se está dando en este momento, y encuentra en la recta final hacia el 2015 su punto de inflexión.

¿Es el kirchnerismo una etapa más del peronismo, o es una identidad política fundante, capaz de construir una subjetividad propia?, más allá de cualquier consideración personal, esta pregunta, o una similar, es la que tiene la posibilidad de definir el futuro político del país.

El pragmatismo ahora ordena dirigirse a quien le interese este interrogante, y lo que es más importante, a donde este sujeto se encuentra, hoy por hoy, en mayor cantidad y organización: es decir en las filas de aquellas organizaciones que coinciden en que esta década ha sido una etapa positiva y transformadora de la realidad política argentina. Es entonces donde llegamos a la primer conclusión, la tarea de la etapa, para todo compañero que se precie del campo popular, implica dedicarse a la organización y fortalecimiento de aquellas bases populares que partan de aquella lectura de la realidad. El resto de las discusiones adquieren un lugar de segundo plano, frente a la posibilidad real de perder esta herencia política en el corto plazo.

El porque es simple, esta tarea es la única que posibilitará a los sectores organizados llegar en las mejores condiciones a dar la disputa de sentido que dará forma a la Argentina del mañana. El resto de las posturas son especulativas, implican no jugarse, no embarrarse, esperar que pase la tormenta y ahí comer los cadáveres que sobren. Son posturas temerosas que más se asemejan a quienes esperan un fracaso del proyecto kirchnerista para ratificar sus propias inseguridades políticas con respecto a modelos que no representan la totalidad de sus sueños.

El jugarse implica incomodidad, implica dar las discusiones difíciles, desde lugares difíciles. En momentos de definiciones las posturas cómodas deberían preocuparnos más que tranquilizarnos, el jugarse implica también el grado de cinismo necesario para poder comprender que uno esta trabajando el mármol en aquello que quiere que sea, y no por lo que és en sí mismo, de lo contrario la construcción del socialismo en la Argentina sería fácil y constaría lisa y llanamente de ver cuando este concluido para incorporarse a sus filas, lamentablemente no se ha dado proceso igual en ninguna parte del mundo; el jugarse implica no sólo un profundo sentido del momento histórico que nos permita categorizar la realidad, sino el entendimiento de nuestra incidencia en la misma, hipertrofiarnos puede ser tan o más nocivo que subestimarnos.

Por último, existe un estigma más, en las filas de aquellos que pensamos parecido, y es un temor genuino a que uno se haya equivocado… En rigor de finalizar esta artifical ecuación, proponemos una variable más, supongamos por un momento que ya sabemos fehacientemente cual será el destino del oficialismo en el 2015, supongamos que ha caído en nuestras manos la carta secreta donde se ha delegado la suma del poder público a la peor variable imaginable, rifando un legado político entero… Sabiendo eso, cabe preguntarse desde donde sería el lugar más optimo para llegar a ese momento, sorprendentemente la respuesta es la misma a las conclusiones precedentes. El único lugar para quien se precie militante popular, es la construcción codo a codo con los compañeros y compañeras que comparten estos miedos, inquietudes e ideal de mundo. Toda posición que vaticine desde la tribuna, no será más que un espectador de la mayor victoria política de nuestro tiempo, o si tiene razón, de su triste derrota. Si el especulador cree que por acertar en sus predicciones el resto de quienes saltaron al vació se limitarán a agachar la cabeza y preguntarle donde pueden sentarse, está profundamente equivocado. Los derrotados estarán más hermanados que nunca por haberla peleado hasta el final, en el único lugar digno: el campo de batalla.

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