Nota de opinión por Fernando Carrión Mena. Fuente: Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) http://www.clacso.org.ar/cuadernosdelmundial/opinion8.php

A los mundiales de fútbol se los promueve con marketing o se los recuerda por algún sello distintivo. Así tenemos, por ejemplo, el de Argentina en 1978, al que se procesó como el mundial político debido al uso y abuso que hizo del mismo la dictadura militar; el de Sudáfrica 2010 se lo conoció por el descubrimiento que occidente hizo del África; o el de Catar que se realizará en 2022 ya se lo identifica por el alto nivel de corrupción. En cambio este de Brasil 2014 parece que pasará a la historia por ser el mundial de lo social.

Durante más de un año el pueblo brasileño se ha movilizado en contra del manejo elitista que se ha hecho de la Copa. Más de 500 ciudades han visto a sus habitantes salir recurrentemente a las calles para protestar contra la corrupción, las prioridades de las inversiones, la expulsión de población de zonas urbanas y la colonización que ha hecho la FIFA de la séptima economía del mundo, entre otros.

El mundial de fútbol Brasil 2014 ha comenzado tal como se esperaba, teniendo los escenarios de la cancha y la calle como lugares significativos. En la cancha está el fútbol y en la calle las manifestaciones, aunque están mutuamente vinculados, ya que la organización del fútbol bajo el “modelo FIFA” tiene repercusiones sociales, económicas y políticas que llevan a la protesta, incluso al interior de los estadios. El grito de la calle y de la cancha se escuchan hasta Suiza, donde residen los señores (no hay mujeres) del dinero-cancha.

Los invitados oficiales son los auspiciantes de la FIFA, clasificados bajo tres denominaciones: los socios que son seis, los patrocinadores ocho y los promotores nacionales, también ocho. Por otro lado, están los convidados no deseados y estigmatizados que son los manifestantes brasileños. La organización del mundial se ha hecho en función de la demanda monopólica de estos auspiciantes, produciendo un impacto a la manera de un tsunami que arrasa con todo lo que encuentra a su paso: el modelo FIFA así lo exige, al extremo que el fútbol se ha convertido en un pretexto para hacer negocios a nivel planetario.

La FIFA –legalmente establecida en un paraíso fiscal llamado Suiza– es una ONG sin fines de lucro. Sin embargo, su modelo de gestión es típico de un holding que opera bajo dos lógicas: por un lado, a través de una “franquicia” construida piramidalmente desde su base con 209 organizaciones nacionales, sigue en el nivel intermedio con seis confederaciones y en el vértice se ubica la Presidencia y Secretaría. Y por otro lado, mediante las corporaciones transnacionales que se han tomado la institución para darle lógica a la hiper-mercantilización del fútbol (Coca Cola, Nike). Con esta estructura maneja monopólicamente el fútbol y lo hace por encima de los Estados nacionales.

No por nada el parlamento brasileño aprobó la denominada “Ley General de la Copa del Mundo 2014” que, entre otras cosas, estipula la creación de un área de restricción comercial donde monopólicamente se venden los productos de los auspiciantes de la FIFA. El precio de venta de las

entradas a los estadios es una competencia de la FIFA, lo cual da una fuerza política muy grande. Se crean tribunales especializados para el juzgamiento de causas relacionadas al evento y se define una lógica tributaria que beneficia directamente a la FIFA.

Esta Ley no pude ser más ominosa: se crea una zona franca exenta del pago de impuestos, se define el control del territorio y las competencias de las municipalidades, se diseña un tipo de política urbana (gentrificación) y las marcas comerciales se ubican por encima de la marca país. En otras palabras, la FIFA busca colonizar vastos territorios para apropiarse de la soberanía de un Estado nacional; y todo esto, para beneficiar a las empresas globales que defienden la libre competencia del mercado bajo la lógica monopólica. Por eso mismo han aparecido los convidados de piedra para decir: “FIFA go home”.

“Brasil 2014” marcará un antes y un después. Quizás la primera expresión sea el camino que se ha iniciado con la crítica a este modelo implementado, que sigue por la reivindicación de derechos ciudadanos y de hinchas que entineden que “otro fútbol es posible” y que finalmente desembocará en la construcción de otro modelo de gestión. Se busca un modelo que sea transparente, que rinda cuentas, que tenga alternancia, que prime el deporte sobre la mercantilización; porque, caso contrario, podremos estar viviendo el fin del fútbol como un deporte.

 

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