Por la Diputada Nacional Julia Perié

No concebimos el folklore como algo pétreo, inmóvil, sino como algo dinámico y en constante movimiento.

El 29 de mayo pasado, presentamos ante un auditorio colmado de personalidades del folklore y la cultura popular, nuestro proyecto de Ley para la creación del Instituto Nacional de Folklore. Contamos también con la presencia inestimable de representantes de instituciones educativas, investigadores y referentes de vasta trayectoria que concurrieron con el desinteresado objetivo de brindar sus opiniones y aportar sus valiosas visiones y perspectivas.
Cuando decidimos encarar este proyecto, lo hicimos con la pretensión de contribuir a mejorar el actual estado de cosas a partir de la creación de un marco institucional en donde puedan ser contenidas todas las expresiones folklóricas y culturales de nuestra Nación a través de sus representantes, y a partir de ello, consolidar un ámbito propicio para canalizar demandas, consensuar políticas, difundir, planificar estrategias de promoción y gestionar recursos.
En ese sentido, creemos que hemos dado el primer gran paso en esa dirección. Ahora seguramente vendrá la etapa del enriquecimiento, de las correcciones, de las contribuciones y de la difusión y la militancia.
En esta ocasión, creo que resulta interesante traer a colación una idea que fue vertida en esa reunión y que compartimos absolutamente porque expresa también nuestra visión respecto de lo que entendemos por “folklore”. En efecto no concebimos el folklore como algo pétreo, inmóvil, sino como algo dinámico y en constante movimiento; como expresión del avance y el cambio permanente, pero que también incluye lo consuetudinario y el legado ancestral de las generaciones pasadas.
Para el día de la presentación de nuestro proyecto, realizamos una convocatoria amplia, abierta y plural, llamando a todos los sectores interesados a participar y brindar sus opiniones. Nuestra intención, desde el primer momento, fue “lanzar el proyecto a la calle” para darlo a conocer, pero principalmente para debatirlo, enriquecerlo y mejorarlo con los aportes de cada uno de los interesados e involucrados con el ámbito folklórico. Es decir que, desde el comienzo, pensamos en un proyecto de ley perfectible.
Afortunadamente nuestras expectativas fueron ampliamente superadas y tuvimos una jornada enormemente enriquecedora, con propuestas concretas, apoyos y críticas constructivas.
Tal como lo manifestó en su intervención mi amigo Marcelo Simón, se pudo “avanzar más allá de la discusión”, ya que la misma sirvió para enriquecer y no para obstruir o frenar.
En definitiva, sería imposible poder dar cuenta en pocas líneas de todas las propuestas vertidas en la jornada de presentación del proyecto, pero dentro de lo que fueron las propuestas más concretas para incluir en el texto del proyecto de ley, sin dudas se debe mencionar la que realizó el gran Vitillo Ábalos, quien planteó la necesidad imperiosa y esencial de hablar de Identidad Nacional en todas los espacios posibles, como fase primordial para la construcción de la soberanía cultural argentina.
Pudimos constatar que hay, pues, más coincidencias que diferencias, y que todos perseguimos un mismo único objetivo: preservar y promover las expresiones folklóricas de nuestra Nación como pilar fundamental para reafirmar los rasgos comunes que nos identifican como pueblo argentino.
También es necesario destacar el apoyo que recibimos de parte del diputado Roy Cortina, presidente de la Comisión de Cultura de la Honorable Cámara de Diputados, así como también la adhesión al proyecto de varios diputados de distintas fuerzas políticas de varias provincias, lo que demuestra el verdadero interés por llegar a una ley consensuada, debatida, federal y lo más representativa posible.
Hubo tiempo también para que los representantes de la juventud dieran sus invalorables opiniones. Hubo, de hecho, un justo reclamo de participación y reconocimiento de la misma para ser plasmado en el espíritu y la letra del proyecto de ley. Y digo “justo” porque es la juventud precisamente el sector más dinámico de la militancia política y que –como signo de estos tiempos– nos reclaman los espacios que ya han ganado en las calles, en las universidades y en la militancia cotidiana. Bienvenido sea.
Porque los que hoy tenemos la responsabilidad de ejercer cargos públicos elegidos por el voto popular, obramos con el objetivo de que las generaciones futuras tengan un mejor país. Un país más justo y de mayores oportunidades para todos. Por eso, quisiera hacer mía una hermosa frase de una de las expositoras, Gloriana Tejada Gómez (hija de Armando Tejada Gómez y presidenta del centro cultural que lleva el nombre del poeta): “Que las nuevas generaciones empuñen la palabra y la guitarra.”

Tiempo Argentino.-

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