Por el “Negro” Vera.

Otra vez, como a lo largo del reinado del neoliberalismo en casi todo el mundo; gran parte de nuestro pueblo –campañas mediáticas mediante- está confundiendo al lobo disfrazado de cordero, con el cordero mismo.

Y es que el lobo, mediante elecciones democráticas está intentando recuperar las riendas y los bienes del Estado –hábilmente recuperados y re-establecidos por la soberanía popular; después que fuera abandonado a su suerte, empobrecido y exhausto, luego del paso por el poder del neoliberalismo, en casi toda la segunda mitad del siglo pasado-. Poderes que ostentaron algunos integrantes de las Fuerzas Armadas, el Menemato, y por qué no decirlo; el engendro que fue la Alianza, comandada por De La Rúa.

Porque, habría que recordar que: nuestra patria ya fue presa de los buitres de la economía mundial, mediante estos personeros que, ya de facto, o disfrazados de corderos en estas elecciones democráticas (no nos olvidemos de los dichos de uno de ellos: “si hubiera dicho lo que iba hacer, no me votaba nadie”) han dilapidado los bienes del Estado, con las privatizaciones y otras medidas destructivas. Y además, como si esto fuera poco: habían comprometido el futuro de nuestros jóvenes con el endeudamiento más atroz que sufriera nuestra patria, y que le único beneficio que estoicamente, con el fin también de deshacerse del yugo de los condicionamientos e injerencia en nuestra economía por parte de los acreedores (visión dignísima de Néstor Kirchner. No por el pago de la deuda solamente, sino por la soberanía y dignidad de desarrollarse libremente, sin recetas envenenadoras).

Argumentan los solapados de la derecha –en su amañado intento por hacerse del poder del Estado- lo bien que han administrado la ciudad de Buenos Aires, y puede, que así sea: en primer lugar; porque cuentan con la recaudación de una de las metrópolis más importante del mundo –que dicho sea de paso- les permite a sus administradores tirarles algunos mangos de favor a algunos amigos, como Niembro, por ejemplo. Así, cualquiera.

Y seguidamente, estamos seguros los que tenemos conciencia de cómo han dejado el país al final de su reinado en el 2001 –encarnados hoy, en estos personajes del presente- incendiado y al borde de la disgregación; que esa “buena administración” responda a un globo de ensayo, o mejor dicho; el disfraz de cordero que le permita engañar al pueblo, para que este los vote y nuevamente, y ellos puedan quedarse con la porción total –que es el país- para volver a cometer las mismas fechorías que en el pasado.

Tiempo, dinero, apoyo de técnicos e intereses extranjeros, no les falta, para armar semejante estrategia. Es más, esta estrategia no es de exclusiva autoría local, esta clarito; lo vemos en otros países hermanos. Haciendo buena letra en algunos espacios parciales  del poder del Estado, con la intención de ganarse la confianza de la gente –para luego- si se les da la oportunidad, emborronar el país, para beneficio, en escala ascendente, de los diferentes amos de la codicia internacional. “Justo, libre y soberano” es para esta gente, lenguaje marciano.

Por eso, queridos compatriotas: si no entendemos esto, y confundimos al lobo disfrazado de cordero, con el cordero mismo, estaríamos jugando con fuego, con las seguras posibilidades de salir incendiados.

La alternativa es de fierro porque: observando el panorama mundial, comprendemos que esta vez vienen por todo; por la patria chica y por la patria grande. Y luego, nos puede costar mucho sacrificio recuperarnos del daño que puedan  causar nuevamente. Ya fuimos en otras épocas débiles e inocentes. No cometamos el mismo error. Podría ser fatal. Como dijera Néstor Kirchner: este país está saliendo de un largo infierno. No cometamos el error de hundirlo nuevamente en la hoguera. No permitamos que un solo traidor pueda con millones de valientes.

Lo dijo el ex presidente Perón: el siglo XXI nos encontrará unidos o dominados. Yo creo firmemente que nos encontró unidos. Y, utilizando un adjetivo despectivo de la derecha apátrida: este 22 de noviembre provoquemos –TODOS- el “aluvión” de dignidad en las urnas, para seguir reconstruyendo este castigado país hasta lograr definitivamente una construcción solida y soberana.

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