Un país pobre y violentado por los ricos de siempre.

Por Carlos Bazzano.

Ya vimos la cara del Papa en los periódicos tirados en las plazas enrejadas y que los recicladores juntan. En la radio que los serenos escuchan, escuchamos su nombre. En la televisión que vemos desde interminables filas donde pagamos las cuentas que cada vez son más imposibles de pagar también vimos su rostro. Ya vimos la cara del Papa en los baners de las calles hechas de baches y violencia. Ya sabemos que vendrá muy pronto.

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Destierro y deforestación, dos caras de la misma moneda.

Ya sabemos que según cuentan los datos oficiales de la Conferencia Episcopal de América Latina (CELAM) nuestro país con el 89% de su población, en efecto, cuenta con el mayor porcentaje de católicos de América.Pero esas no son las únicas cifras de nuestro país, que de alguna manera, como diría Roa, pareciera que se ha enamorado del infortunio.  OXFAN Intermón es claro con el siguiente dato: “El Paraguay, es el país más pobre de Sudamérica, las empresas multinacionales y los grandes terratenientes, acaparan el 85% de la tierra cultivable para plantar soja y otros productos para exportación”. El informe cuenta que el país exporta tanta soja como para alimentar a 50 millones de personas del mundo, sin embargo, en nuestro país, 1.300.000 paraguayos pasan hambre. Esto significa que uno de cada cuatro paraguayos pasa hambre. Mucha de la gente que pasa hambre en Paraguay es católica, mucha gente esperará que algo cambie con la venida del Papa, que algo cambie. Mucha gente rezará por su familia, por sus amigos, por sus destinos personales, por el destino del país.

Pero no todos pasan hambre. El informe presentado por la consultora británica WealthInsight (WI), cuenta que Paraguay cuenta con 5935 millonarios. Estos millonarios tienen como mínimo un millón de dólares en sus cuentas bancarias, o más, mucho más. Estos sinestros personajes controlan todo, la política, la comunicación, la educación, la salud, las condiciones laborales. Controlan el día a día de los destinos de la sociedad paraguaya, y repre­sentan el 0,09% de la población total. A este 0,09 por ciento del país no le interesa ni un ápice el sufrimiento de la mayoría dela gente. Es más, son los patrones.

Muchos de ellos son catalogados como los grandes empresarios de la patria, y buscarán estar en la primera fila de la misa, como siempre. Incluso ya han realizado “importantes” aportes para la venida del Papa. Lideran grandes actos de beneficencia e incluso salen en la página de sociales que ellos mismos financian. Pero los grandes empresarios no son tan grandes. Basta con ver el informe presentado por el Foro Económico Mundial, que elabora un reporte de competitividad global con respecto al nivel de la ética corporativa empresarial de cada país. En este informe nuestro país figura como el de menor ética empresarial en América y para colmo ocupa el tercer último lugar en el mundo. Este dato es como una bofetada para tanta gente corrupta en el país. Es una bofetada que se oculta hábilmente, ya que fueron los propios grandes empresarios de cada país los que han catalogado a sus pares paraguayos en esta ubicación. Esta minoría empresaria y rica es considerada por sus propios pares, o sea, por los propios empresarios ricos del mundo como la menos ética.

Y en este contexto viene el famoso Papa. Se viene el Papa Francisco en el país más pobre de Sudamérica. Un país pobre y violentado por los ricos de siempre. Así mismo, en Paraguay hay una mayoría pobre y violentada. Una mayoría que es robada día a día. Ni hace falta mencionar los datos de acceso a salud o educación, ni hace falta mencionar su ubicación con el resto del mundo. Basta con visitar un centro de salud o una escuelita de cualquier barrio de las periferias urbanas, campesinas o indígenas.La minoría millonaria cuya riqueza y poder es de origen como mínimo dudoso se podría molestar si hablamos de las represiones a los sectores populares o el narcotráfico. Se podrían molestar, y mucho. Quizá por eso hace unos días la Policía Nacional ha difundido anuncios y regulaciones advirtiendo que durante los días de estadía del Papa “no se permitirá la colocación de pasacalles y/o portar pancartas que obstaculice la visual ni que contengan alusivos referentes a grupos de lucha social”. Ante la indignación general, y ante la posible repercusión internacional, la policía tuvo que contradecir su propia prohibición. Pero la prohibición fue algo real, como es real que somos el país más pobre y violentado de Sudamérica. La prohibición ha sido un símbolo de la hipocresía y el absurdo que nos toca vivir en este rincón del mundo.

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